Era un día de verano como otro cualquiera, aunque tal vez
sea injusto describirlo así, entre otras cosas porque no todos los días en
verano es habitual que llueva con tanta intensidad.
Caminaba tranquilamente por la calle en buena compañía, él y
yo pegados bajo un paraguas que apenas podía evitar el golpeteo incesante de la
lluvia sobre nuestra ropa.
No es como si no estuviera sobre aviso, él me había
insistido aquella mañana que trajera paraguas, pues era probable que lloviera,
y yo tan despistado como siempre lo había olvidado. Por supuesto él estaba
preparado para la situación, siempre tan previsor y listo para cualquier
eventualidad.
A veces me sentía como su opuesto, tan caótico y cambiante,
el tan centrado y en la tierra, yo con la cabeza en las nubes y el con los ojos
al frente. Y sin embargo como dos polos opuestos, parecía haber algo que nos
tiraba hacia el otro.
No podía evitar sentirme algo culpable mientras caminábamos,
al fin y al cabo, él se estaba mojando por mi naturaleza despistada, y aunque
el silencioso paseo era agradable, tenía ligeros matices grises como venía
siendo costumbre entre nosotros.
Y fue entonces, cuando menos me lo esperaba, que cerró el
paraguas.
Noté de inmediato como la lluvia caía intensamente sobre
ambos, y antes de entender lo que estaba pasando le vi mirándome, con esos ojos
verdosos tan dulces que ahora brillaban con determinación.
"Sabía que esto te haría ilusión"
Y así sin más me besó.
Mientras la lluvia seguía cayendo, mojándonos, aquel chico
tan previsor y centrado había roto todos mis esquemas y me había puesto patas
arriba en tan solo un segundo.
No era nuestro primer beso, y sin embargo se sentía como
tal. Espontaneo, intenso, esperanzador, mágico. Todo mi alrededor desapareció
por unos instantes en los que solo existíamos él y yo, sus labios, su cuello,
sus manos en mi...
Después de eso volvió a abrir el paraguas, tomó mi mano y
continuó avanzando como si nada. Entramos en una tienda a hacer unos recados
aún cogidos de la mano, dando vueltas, ojeando distintos artículos, y entre
miradas no podía evitar sonreír al verle.
Algo en mi interior había cambiado, y sentía que fuera lo
que fuera lo que nos deparara el futuro, nuestra historia no había hecho más
que comenzar.
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