Me siento algo ridículo escribiéndote estas palabras, seguramente por el hecho de que lo más probable es que no las leas y caigan en saco roto, tal vez porque signifiquen un mundo para mi y lo más probable es que nada para ti. Ya casi van dos meses desde aquella tarde de septiembre en el retiro, comenzó casi de forma inocente como cualquier otra, pero no acabo bien para ninguno. Y siento la necesidad de decirte algo, quiero, necesito hacerlo.
He seguido con mis exámenes, he continuado con mis bailes, en general mi rutina ha sido casi invariable supongo. Soy fuerte, lo sabes, y sabiendo yo lo bueno que eres tú, lo último que quiero es que te preocupes. Aunque supongo que eso sería presuponer muchas cosas, como por ejemplo que sigues pensando en mi, que me recuerdas, o que de alguna forma permanezco presente en tu cabeza.
¿Lo haces? ¿Estoy ahí en alguna parte?
Me da miedo la respuesta para ser sincero, me siento estúpido pensando en ti, recordando momentos felices y otros algo más tristes. No se si es orgullo, no se si es terror, es solo que no se nada, tal vez ese es el problema, no se nada de ti ahora.
Te sigo cotilleando, cada vez menos lo admito, aunque aun miro tu nombre en mi pantalla del móvil y tengo que reprimir las ganas de escribirte, porque te lo prometí, porque no lo quiero hacer difícil. Pero es que joder.... ya es muy difícil.
¿Soy un tonto por seguir sintiéndome así por ti? ¿Soy ingenuo al pensar que algún día podrías escribirme un mensaje y que todo volviera a ser como antes?
Te prometo que no te estoy esperando... te dije que no lo haría, pero aun así no puedo evitar ser como soy, aun así no puedo reprimir lo que siento, y aun así no puedo evitar pensar que todo esto es una tontería, que debería estar entre tus brazos y no escribiendo estas lineas, que nos deberíamos estar besando bajo esa luna llena al igual que esa primera vez.
Pero eso es lo que pienso yo, y al final y al cabo, esto es cosa de dos.
lunes, 14 de noviembre de 2016
domingo, 24 de julio de 2016
Desvelos Veraniegos
Una gota de sudor se deslizaba lentamente por su frente, no había sido la primera en aparecer, pero si la que le había despertado. Aun era de noche, pero la calle estaba en silencio, y el sonido del ventilador era irónicamente molesto, pues molestaba más de lo necesario para lo poco que conseguía enfriar la habitación.
Tenía aceptado que los veranos en Madrid eran calurosos, aunque supongo que eso no lo hacía mucho más fácil. Sin embargo, aun siendo el calor uno de los causantes, el principal motivo por el que había abierto los ojos era que su mente no podía parar de pensar.
Se aferró algo más a la almohada a la que dormía abrazado, siempre había sido muy cariñoso, pero no tenía del todo claro si ese era el motivo por el que necesitaba dormir abrazado, a una almohada, un peluche, una persona...
-Clic
Un resorte en su mente encajó por un momento, se dio la vuelta y se coloco mirando al techo para reflexionar un poco.
-Supongo que ya ha pasado tiempo...
Tiempo desde la última vez que se sintió lo suficientemente seguro para hacerse vulnerable a los ojos de otro, para desterrar su coraza, esconder sus miedos y abrirse completamente con todo a otro. Era mucho más que un simple tema de sexo o cariño, era a un nivel mucho más profundo.
No es que llevará todo este tiempo solo, llevaba unos años conociendo a gente de todo tipo. Pero siempre ocurría algo, encontraba alguna pega, algún motivo por el que descartar a alguien, lo llamaban exigente y raro.
En su opinión no era así, simplemente había perdido parte de su inocencia, le costaba más confiar en la gente que antes, necesitaba ver que luchaban por el, que ponían verdadero interés además de las cosas más básicas como que exista química o que hubiera gustos en común. Simplemente necesitaba creer de verdad en esa persona, y en que se sentía en el mismo punto que él.
Comenzó a reírse para si mismo.
El era muy feliz, lo sabía, y eso le hizo seguir sonriendo. Quería mantener la esperanza, seguir creyendo que fuera cuando fuese, en algún punto de su vida llegaría alguien, alguien que disiparía esas dudas, alguien que se enamorara locamente de él y viceversa, alguien cuya sola presencia bastase para poder sonreír.
Y mientras esperaba ese momento seguiría viviendo, y seguiría sonriendo, siempre con esperanza, siempre con algo de miedo, siempre siendo quien era y no quien los demás querían que fuese.
Tenía aceptado que los veranos en Madrid eran calurosos, aunque supongo que eso no lo hacía mucho más fácil. Sin embargo, aun siendo el calor uno de los causantes, el principal motivo por el que había abierto los ojos era que su mente no podía parar de pensar.
Se aferró algo más a la almohada a la que dormía abrazado, siempre había sido muy cariñoso, pero no tenía del todo claro si ese era el motivo por el que necesitaba dormir abrazado, a una almohada, un peluche, una persona...
-Clic
Un resorte en su mente encajó por un momento, se dio la vuelta y se coloco mirando al techo para reflexionar un poco.
-Supongo que ya ha pasado tiempo...
Tiempo desde la última vez que se sintió lo suficientemente seguro para hacerse vulnerable a los ojos de otro, para desterrar su coraza, esconder sus miedos y abrirse completamente con todo a otro. Era mucho más que un simple tema de sexo o cariño, era a un nivel mucho más profundo.
No es que llevará todo este tiempo solo, llevaba unos años conociendo a gente de todo tipo. Pero siempre ocurría algo, encontraba alguna pega, algún motivo por el que descartar a alguien, lo llamaban exigente y raro.
En su opinión no era así, simplemente había perdido parte de su inocencia, le costaba más confiar en la gente que antes, necesitaba ver que luchaban por el, que ponían verdadero interés además de las cosas más básicas como que exista química o que hubiera gustos en común. Simplemente necesitaba creer de verdad en esa persona, y en que se sentía en el mismo punto que él.
Comenzó a reírse para si mismo.
El era muy feliz, lo sabía, y eso le hizo seguir sonriendo. Quería mantener la esperanza, seguir creyendo que fuera cuando fuese, en algún punto de su vida llegaría alguien, alguien que disiparía esas dudas, alguien que se enamorara locamente de él y viceversa, alguien cuya sola presencia bastase para poder sonreír.
Y mientras esperaba ese momento seguiría viviendo, y seguiría sonriendo, siempre con esperanza, siempre con algo de miedo, siempre siendo quien era y no quien los demás querían que fuese.
miércoles, 6 de enero de 2016
Soñando despierto
Era una mañana fría de invierno bastante parecida a otra cualquiera, el calor entre las sábanas y el tacto de las sábanas sobre su piel desnuda eran motivos suficientes como para posponer algunas horas el momento de levantarse. Aun así no conciliaba el sueño, se encontraba tumbado, mirando hacia el techo.
Entraron por su mente imágenes de mañanas similares pero totalmente distintas, en las que la misma carencia de ropa era compartida con otra piel, otras manos, otro rostro, otros labios. Agitó rápidamente su cabeza para deshacerse de esos recuerdos, eran bonitos si, pero eran solo recuerdos.
El motivo de que eso viniera a su cabeza era sencillo, su corazón volvía a palpitar por alguien que había entrado en su vida de nuevo, pero por desgracia simplemente no era posible que entre ellos ocurriera esa pequeña chispa de magia que anhelaba expectante en su corazón.
Y se empezó a hacerse muchas preguntas
¿Tendré mala suerte?
¿Seré yo el problema?
2015 había sido un año intenso, un año en el que se juntaban toneladas de momentos felices, a la par de toneladas de momentos infelices, grandes ilusiones que chocaban contra grandes decepciones, esperanzas que se veían aplastadas contra un muro de realidad. Pero también había sido el año de los descubrimientos, de la superación personal, de la estabilidad en ciertos aspectos, de sentirse cómodo y feliz cerca de las personas a las que quería.
Después de este pequeño resumen supuso que no le podría reprochar nada a ese pasado año, y sin embargo no podía evitar sentirse incompleto, saber que faltaba algo en el. Iba más allá de un mero capricho, de un juguete, de algo de lo que hablar, era un hueco en su corazón sin rellenar que el tiempo y las circunstancias habían excavado en el.
Su mente comenzó a crear imágenes prefabricadas de los deseos que su corazón albergaba, tomaban forma a una velocidad importante, y le arrancaban el mismo número de sonrisas que de lágrimas.
Le daban ganas de construir una coraza de nuevo, de esculpir su corazón en granito, de congelar sus sentimientos, pero sabía que el no era ese tipo de persona. Todo lo que podía hacer era recordar quien era, ser fiel a si mismo y a sus principios, y nunca, nunca, nunca rendirse.
Entraron por su mente imágenes de mañanas similares pero totalmente distintas, en las que la misma carencia de ropa era compartida con otra piel, otras manos, otro rostro, otros labios. Agitó rápidamente su cabeza para deshacerse de esos recuerdos, eran bonitos si, pero eran solo recuerdos.
El motivo de que eso viniera a su cabeza era sencillo, su corazón volvía a palpitar por alguien que había entrado en su vida de nuevo, pero por desgracia simplemente no era posible que entre ellos ocurriera esa pequeña chispa de magia que anhelaba expectante en su corazón.
Y se empezó a hacerse muchas preguntas
¿Tendré mala suerte?
¿Seré yo el problema?
2015 había sido un año intenso, un año en el que se juntaban toneladas de momentos felices, a la par de toneladas de momentos infelices, grandes ilusiones que chocaban contra grandes decepciones, esperanzas que se veían aplastadas contra un muro de realidad. Pero también había sido el año de los descubrimientos, de la superación personal, de la estabilidad en ciertos aspectos, de sentirse cómodo y feliz cerca de las personas a las que quería.
Después de este pequeño resumen supuso que no le podría reprochar nada a ese pasado año, y sin embargo no podía evitar sentirse incompleto, saber que faltaba algo en el. Iba más allá de un mero capricho, de un juguete, de algo de lo que hablar, era un hueco en su corazón sin rellenar que el tiempo y las circunstancias habían excavado en el.
Su mente comenzó a crear imágenes prefabricadas de los deseos que su corazón albergaba, tomaban forma a una velocidad importante, y le arrancaban el mismo número de sonrisas que de lágrimas.
Le daban ganas de construir una coraza de nuevo, de esculpir su corazón en granito, de congelar sus sentimientos, pero sabía que el no era ese tipo de persona. Todo lo que podía hacer era recordar quien era, ser fiel a si mismo y a sus principios, y nunca, nunca, nunca rendirse.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)