Era una mañana fría de invierno bastante parecida a otra cualquiera, el calor entre las sábanas y el tacto de las sábanas sobre su piel desnuda eran motivos suficientes como para posponer algunas horas el momento de levantarse. Aun así no conciliaba el sueño, se encontraba tumbado, mirando hacia el techo.
Entraron por su mente imágenes de mañanas similares pero totalmente distintas, en las que la misma carencia de ropa era compartida con otra piel, otras manos, otro rostro, otros labios. Agitó rápidamente su cabeza para deshacerse de esos recuerdos, eran bonitos si, pero eran solo recuerdos.
El motivo de que eso viniera a su cabeza era sencillo, su corazón volvía a palpitar por alguien que había entrado en su vida de nuevo, pero por desgracia simplemente no era posible que entre ellos ocurriera esa pequeña chispa de magia que anhelaba expectante en su corazón.
Y se empezó a hacerse muchas preguntas
¿Tendré mala suerte?
¿Seré yo el problema?
2015 había sido un año intenso, un año en el que se juntaban toneladas de momentos felices, a la par de toneladas de momentos infelices, grandes ilusiones que chocaban contra grandes decepciones, esperanzas que se veían aplastadas contra un muro de realidad. Pero también había sido el año de los descubrimientos, de la superación personal, de la estabilidad en ciertos aspectos, de sentirse cómodo y feliz cerca de las personas a las que quería.
Después de este pequeño resumen supuso que no le podría reprochar nada a ese pasado año, y sin embargo no podía evitar sentirse incompleto, saber que faltaba algo en el. Iba más allá de un mero capricho, de un juguete, de algo de lo que hablar, era un hueco en su corazón sin rellenar que el tiempo y las circunstancias habían excavado en el.
Su mente comenzó a crear imágenes prefabricadas de los deseos que su corazón albergaba, tomaban forma a una velocidad importante, y le arrancaban el mismo número de sonrisas que de lágrimas.
Le daban ganas de construir una coraza de nuevo, de esculpir su corazón en granito, de congelar sus sentimientos, pero sabía que el no era ese tipo de persona. Todo lo que podía hacer era recordar quien era, ser fiel a si mismo y a sus principios, y nunca, nunca, nunca rendirse.
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